Otra desacertada decisión de la alcaldesa López
No hay duda de que lo más importante en estos tiempos de incertidumbre es preservar la vida y la salud de las personas, de eso no hay discusión. Pero, como se ha repetido en múltiples ocasiones en el seno de nuestro sector, tampoco es viable ni inteligente seguir cayendo en el falso dilema entre salud y economía. ¿La vida o la economía? ¿La vida o el turismo? Esa no es manera alguna la cuestión, como parece plantearse hoy, lamentablemente, en Colombia y su capital.
Tampoco hay duda, como lo hemos atestiguado en las últimas semanas, que la encarnizada “politización” de la pandemia entre seguidores y opositores de los gobernantes de turno, le aporta poco o nada a la compleja realidad de las empresas y trabajadores de la industria turística. Más allá de luchas interminables y ajenas a todos nosotros, en la práctica, en el día a día, son los empresarios y las personas de a pie las que tienen que encarar, bajo su cuenta y riesgo, cómo salir adelante en medio de una situación que es cada vez más difícil.
Hoy vemos, tras cinco meses de aislamiento, que hay en curso unas políticas de salud y prevención lideradas por los gobernantes nacionales y regionales y que se han traducido en múltiples medidas que como ciudadanos a todos nos han tocado y afectado. Pero ¿qué pasa con la reactivación de los viajes? ¿Qué se ha hecho en Bogotá durante cinco meses para no dejar derrumbar un sector tan clave como el turismo?
Si hacemos memoria, desde julio se encuentra listo el protocolo de bioseguridad para la prevención del Covid-19 elaborado por la Aeronáutica Civil y el Ministerio de Salud en donde se establecen las medidas para la operación de los aeropuertos y las aerolíneas. Y sabemos también, desde mayo, que el 1º de septiembre era la fecha programada para la reactivación del transporte aéreo. La pregunta entonces es qué estaban haciendo en todo este tiempo las autoridades distritales para asegurarse de un retorno seguro y controlado de los viajes ¿estarían acaso en ‘webinars’ o ruedas de prensa?
No lo sabemos. La única realidad es que hoy, después de tantos meses, apenas se dará curso a unos vuelos piloto que son a todas luces tardíos e insuficientes. Eso es lo que reciben cientos de empresas y trabajadores de un sector pujante que estaba aguardando la definición oficial de la fecha de inicio de los vuelos internacionales. Nada de eso ha ocurrido.
Vale la pena mirar lo que ha sucedido en tantos países del mundo y la región. Los gobiernos, además de propender por el cuidado de la salud de sus ciudadanos, han actuado de manera coherente reactivando parcial y paulatinamente las actividades económicas, incluido el transporte, lo que ha traído un respiro al tejido empresarial. ¿No es este acaso un concepto más amplio e integral del cuidado que un gobierno debe tener hacia sus ciudadanos?
Hemos visto como, en medio de los rebrotes mundiales del virus, las autoridades gestionan cierres y aperturas, coordinan medidas, conciertan decisiones. Al final del día, en la lucha contra el virus y su letal circulación, que es real y tangible como lo muestran los números, los países han gestionado su movilidad sin necesidad de confinar y encerrar a sus habitantes en sus propias sus fronteras. La tendencia es abrir total o parcialmente y cumplir unas medidas de prevención que son claras y bastante sencillas. Pero lo decidido la semana pasada en Bogotá, el principal aeropuerto del país, no tiene precedentes.
Con tres rutas piloto, tardías e insuficientes, valga repetir, la administración de la alcaldesa Claudia López le propina otro duro golpe no solo a los empresarios del turismo, sino a toda la economía nacional. Los gremios y empresas del sector han hecho ya varios llamados al gobernante exponiendo la dificultad por la que atraviesan y todo lo que implica la continuación de la parálisis del aeropuerto.
Alejandro Toloza Gallardo