El fenómeno climático vuelve a amenazar destinos emblemáticos de la región con lluvias extremas, inundaciones, sequías, incendios y alteraciones en los ecosistemas. Perú, Ecuador, la Amazonía, el Pantanal y parte de Centroamérica aparecen entre las zonas más vulnerables, aunque los efectos pueden variar significativamente según cada región.
El regreso de El Niño vuelve a poner en alerta a buena parte de la industria turística de América Latina, especialmente en destinos donde los fenómenos meteorológicos extremos pueden afectar accesos, infraestructura, biodiversidad y operaciones turísticas. El fenómeno, asociado al calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, altera los patrones de precipitaciones y temperaturas a escala global. Sus efectos no son uniformes: mientras algunas regiones pueden enfrentar lluvias intensas e inundaciones, otras sufren sequías prolongadas, incendios forestales o estrés hídrico.
Uno de los países más expuestos es Perú, donde históricamente El Niño ha estado asociado con lluvias torrenciales, deslizamientos e inundaciones, especialmente en la costa norte. Este tipo de eventos puede afectar carreteras y conexiones hacia importantes destinos turísticos, además de alterar operaciones vinculadas con Machu Picchu y otros circuitos del país.
La costa de Ecuador enfrenta riesgos similares. La Organización Meteorológica Mundial ha documentado que episodios recientes de El Niño generaron intensas lluvias e inundaciones tanto en Ecuador como en Perú, con consecuencias económicas y sociales relevantes.


En el caso de las islas Galápagos, la amenaza es diferente. El calentamiento del océano puede alterar los ecosistemas marinos y reducir la disponibilidad de nutrientes, afectando especies que constituyen uno de los principales atractivos turísticos del archipiélago. Durante episodios intensos anteriores, poblaciones de pingüinos, lobos marinos e iguanas marinas han experimentado fuertes impactos, lo que convierte a Galápagos en uno de los destinos más sensibles a los cambios oceánicos asociados a El Niño.
Otra zona especialmente vulnerable es la Amazonía, que abarca territorios de Brasil, Perú, Bolivia, Colombia y otros países sudamericanos. En determinadas áreas, El Niño puede prolongar la estación seca y elevar el riesgo de incendios forestales. La combinación de altas temperaturas, menores precipitaciones y vegetación seca puede afectar actividades como navegación fluvial, turismo de naturaleza, lodges amazónicos y observación de fauna.
La OMM ha señalado además que episodios recientes de sequía provocaron niveles históricamente bajos en el río Negro, cerca de Manaos, generando dificultades para la navegación y alteraciones en las actividades económicas locales. Una situación similar puede presentarse en el Pantanal, uno de los principales destinos de observación de fauna de Sudamérica, donde los incendios representan un riesgo tanto ambiental como turístico. Brasil, sin embargo, no enfrenta un patrón uniforme. Mientras el norte puede registrar condiciones más secas, el sur de Brasil, Uruguay y el norte de Argentina suelen experimentar mayores precipitaciones durante episodios intensos de El Niño.

También Chile central puede presentar lluvias superiores a lo habitual, aumentando el riesgo de inundaciones, cortes de rutas y alteraciones en algunas zonas turísticas. En Centroamérica y el Caribe, la principal preocupación es la reducción de las precipitaciones. La OMM advierte que El Niño suele generar déficits de lluvia en el Corredor Seco centroamericano, con consecuencias para la disponibilidad de agua, la agricultura y las comunidades locales. Estas condiciones pueden significar restricciones de agua en hoteles, mayor riesgo de incendios y deterioro de determinados atractivos naturales. Los especialistas subrayan, sin embargo, que El Niño no determina por sí solo el clima de una temporada y que su intensidad y efectos locales pueden variar considerablemente.




