Especialistas de la Universidad de Chile advierten que el aumento de expediciones turísticas hacia esta zona amenaza a la biodiversidad del continente blanco y por eso, llaman a establecer medidas estrictas de bioseguridad.
El crecimiento del turismo de lujo en la Antártica, impulsado por expediciones de alto costo y viajes de lujo, vuelve a encender las alarmas sobre el impacto ambiental que genera la presencia humana en uno de los ecosistemas más frágiles del planeta. Ante esto, especialistas vinculados al Instituto Milenio BASE de la Universidad de Chile advierten sobre riesgos crecientes para la biodiversidad y llaman a una regulación estricta para compatibilizar el turismo con la ciencia y la innovación.
Pese a su vasta extensión, la mayoría de las actividades turísticas en la Antártica se concentran en un reducido número de sitios, especialmente en la península antártica. Las continuas visitas a zonas sensibles generan una presión local significativa, con efectos acumulativos en la fauna, los suelos y la vegetación, que se intensifican en periodos críticos como la reproducción de aves y mamíferos marinos, procesos que pueden ser alterados con el mínimo disturbio.
¿Qué más dicen los especialistas?

Entre los riesgos identificados por los especialistas está la introducción de especies exóticas transportadas de forma inadvertida en ropa y equipos, algo que amenaza con alterar ecosistemas únicos. Además, advierten sobre el impacto en la microbiota del suelo, un componente fundamental en los ciclos de nutrientes que puede verse alterado sin dejar huellas visibles de forma inmediata.
Ante este escenario, se plantea la necesidad de implementar medidas como limitar el número de visitantes y operadores, exigir protocolos de bioseguridad fiscalizables y establecer una planificación con base en evidencia científica. Los expertos señalan que la protección de la biodiversidad antártica debe ser el eje central de toda actividad humana en el continente.
Cabe recordar que la regulación de este territorio se rige por el Sistema del Tratado Antártico, que establece estándares internacionales para preservar su valor científico y ambiental. No obstante, su eficacia depende del compromiso activo de los Estados y actores involucrados, especialmente frente a un turismo que crece en visibilidad y demanda.
Los investigadores coinciden en que, más allá del turismo, la principal amenaza para la Antártica es el cambio climático. El aumento de las temperaturas está provocando cambios en la disponibilidad de hielo, la dinámica de los océanos y la distribución de especies fundamentales como el krill (pequeño crustáceo parecido al camarón), afectando la red trófica completa del ecosistema.




