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Europa enfrenta una nueva prueba en sus controles fronterizos

Desde el 7 de septiembre dejó de regir la medida excepcional que permitía suspender temporalmente la recopilación de datos biométricos cuando las filas en los controles fronterizos se volvían excesivas. El cambio pone a prueba al nuevo sistema europeo después de un verano marcado por problemas técnicos y largas esperas.

El nuevo Sistema Europeo de Entradas y Salidas (EES) comenzó esta semana una etapa más exigente. Desde el 7 de septiembre, los países que utilizan el mecanismo dejaron de contar con una medida temporal que les permitía suspender parcialmente durante hasta seis horas la toma de datos biométricos cuando la congestión provocaba tiempos de espera excesivos en aeropuertos, puertos y otros pasos fronterizos.

La flexibilidad había funcionado como una suerte de “válvula de escape” durante los primeros meses de funcionamiento pleno del EES. De acuerdo con el Reglamento (UE) 2025/1534, los Estados podían dejar temporalmente de recopilar información biométrica en circunstancias excepcionales de tráfico intenso, siempre que notificaran la medida a la Comisión Europea y a eu-LISA, la agencia encargada de los grandes sistemas informáticos de la Unión Europea. Esa disposición temporal ya dejó de aplicarse.

El EES comenzó a desplegarse progresivamente el 12 de octubre de 2025 y está plenamente operativo desde el 10 de abril de 2026. Sustituyó el sellado manual de pasaportes por un registro digital de entradas y salidas de ciudadanos de países extracomunitarios que realizan estadías cortas en el espacio Schengen.

En la práctica, los viajeros que no sean ciudadanos de la Unión Europea, Islandia, Liechtenstein, Noruega o Suiza deben registrar sus datos cuando atraviesan una frontera exterior de los países adheridos al sistema.

En el primer registro se incorporan los datos del pasaporte, una imagen facial y las huellas dactilares. En los viajes posteriores, la información ya almacenada permite realizar verificaciones más rápidas. Los menores de 12 años no deben proporcionar huellas digitales, aunque sí están sujetos al registro facial.

Para los viajeros latinoamericanos, por lo tanto, el fin de la flexibilización no agrega un trámite previo ni modifica las condiciones de visa: el cambio está en el funcionamiento del control fronterizo, con el riesgo de que vuelvan las filas más largas, especialmente en grandes aeropuertos y durante horarios de alta concentración de vuelos internacionales.

Durante 2026, aeropuertos y aerolíneas denunciaron importantes aumentos en los tiempos de espera, asociados a problemas técnicos, falta de personal, funcionamiento irregular de los quioscos automatizados y una adopción todavía limitada de las herramientas de prerregistro.

ACI Europe, Airlines for Europe e IATA ya habían advertido que, sin suficiente flexibilidad, las demoras podrían alcanzar varias horas durante períodos de alta demanda.

El Código de Fronteras Schengen continúa contemplando la posibilidad general de flexibilizar inspecciones cuando circunstancias excepcionales e imprevisibles provocan esperas excesivas y ya fueron agotados los recursos disponibles.

Pero esa herramienta es más limitada que la excepción específica del EES que terminó en septiembre: incluso cuando se flexibilizan los controles, los datos correspondientes deben continuar incorporándose al sistema.

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