Los viajes de negocios se apoyan en un volumen de desplazamientos donde las mujeres representan la mayoría. Sin embargo, a la hora de acceder a los beneficios simbólicos y materiales del sistema, como la frecuencia, la jerarquía, el estatus y la acumulación de millas, predominan los hombres.
El reciente informe US Business Traveler Demographics analiza el mundo del viaje corporativo y revela un escenario que rompe con el estereotipo clásico del ejecutivo. Según los datos, las mujeres representan hoy el 57 % de los viajeros profesionales dentro del universo analizado. No obstante, esta masividad femenina no se traduce en control o poder dentro de las organizaciones, ya que en los niveles directivos, desde la vicepresidencia hacia arriba, los hombres concentran el 61 % de los puestos.
Al analizar la frecuencia de los desplazamientos, las diferencias se profundizan. Entre las mujeres que viajan por trabajo, el 53 % realiza apenas uno o dos viajes al año, mientras que en los hombres esa cifra desciende al 43 %. En el extremo opuesto, al observar a quienes viajan seis veces o más por año, la brecha se invierte: el 24 % de los hombres integra este grupo, frente a solo un 16 % de las mujeres. En términos simples, ellas cargan con una gran parte del volumen base, mientras que ellos se concentran en la codiciada franja de viajeros frecuentes, aquella que suele acumular upgrades, acceso a salones VIP y otros privilegios.
El impacto en la industria y el perfil real del viajero
Para la industria turística, y especialmente para los proveedores enfocados en el segmento corporativo, este punto resulta crucial. Los programas de fidelización están diseñados para premiar la recurrencia; por lo tanto, si el sistema genera más viajeros frecuentes masculinos, termina reforzando una desigualdad ya existente en la estructura laboral.
Por otra parte, el reporte destaca que el rubro que mayor cantidad de viajes corporativos genera en Estados Unidos es el de salud y enfermería, abarcando el 49,5 % de los puestos que implican desplazamientos. Le siguen la ingeniería (11,5 %) y las ventas (8 %). Esto demuestra que el principal motor del business travel no es necesariamente el ejecutivo de grandes cuentas, sino una fuerza laboral altamente feminizada —como enfermeras y trabajadoras sociales— que viaja por exigencias del servicio y no como una recompensa. Aunque estadísticamente cuentan como viajeras de negocios, rara vez figuran en la experiencia aspiracional que vende estatus y estilo de vida.
El desafío del bleisure y la carga social

Viajar por trabajo no es sinónimo de viajar con poder, ya que existen desplazamientos que se viven como una oportunidad de crecimiento profesional y otros que representan una simple carga logística. En este contexto, el apartado dedicado al bleisure (la combinación de negocios y ocio) ilustra una oportunidad perdida para un análisis más profundo. El informe revela que los millennials lideran esta tendencia, con un 68 % de adopción, superando a la Generación X (60 %) y a la Generación Z (55 %).
Sin embargo, el documento no cruza la variable del bleisure con el género, un factor que resulta determinante. Prolongar un viaje por placer requiere de tiempo disponible, permiso cultural y una red de apoyo. En sociedades donde la carga doméstica recae mayoritariamente sobre las mujeres, extender una estadía puede resultar un lujo menos accesible para ellas, incluso cuando viajan igual o más que sus pares.
Lo que el reporte omite también resulta revelador. Las cifras no muestran cuántas mujeres rechazan posiciones de alta movilidad debido al alto costo familiar, ni cuántas viajeras minimizan sus estadías para evitar el precio social de ausentarse de sus hogares. Tampoco se menciona el factor de la seguridad, que abarca desde el acoso en los hoteles hasta los riesgos en los traslados nocturnos, experiencias de vulnerabilidad inherentes al viaje corporativo femenino.
Si las mujeres ya conforman la mayoría en el segmento de negocios, la industria debería diseñar productos corporativos poniéndolas en el centro. Esto implica establecer políticas de seguridad claras, hoteles con estándares rigurosos, asistencia continua, flexibilidad real y programas de fidelización que no reproduzcan mecánicamente las desigualdades jerárquicas del mercado laboral.




