Largas filas y retrasos en los controles migratorios ponen a prueba el despliegue del Sistema de Entrada y Salida (EES), el nuevo mecanismo con el que Europa busca digitalizar sus fronteras.
El tránsito en los mostradores fronterizos del espacio Schengen enfrenta complicaciones operativas tras la implementación del Sistema de Entrada y Salida (EES). La transición hacia este registro digital, obligatorio desde el pasado 10 de abril para ciudadanos de fuera de la Unión Europea, sustituye el sellado manual de pasaportes por la captura de huellas dactilares y reconocimiento facial en el primer ingreso.
No obstante, la coincidencia de altos volúmenes de vuelos internacionales y algunos fallos técnicos puntuales ha generado cuellos de botella que incrementan los tiempos de espera en las terminales.
El Consejo Internacional de Aeropuertos en Europa (ACI Europe) reporta demoras de hasta tres horas en países como España, Francia, Alemania, Bélgica, Italia y Grecia. Estas cifras contrastan con las estimaciones de la Comisión Europea, que sitúan el proceso en torno a 70 segundos por pasajero en condiciones óptimas. Por su parte, agencias de viajes agrupadas en la Confederación Española de Agencias de Viajes (CEAV) advierten que las congestiones en horas pico ya están provocando pérdida de conexiones y afectaciones directas a los viajeros.
En el caso de las Islas Baleares, la Agrupación Empresarial de Agencias de Viajes de Baleares (Aviba) ha reportado episodios de saturación en el aeropuerto de Palma durante las primeras semanas de implementación y reclama planes de contingencia y la activación de controles manuales en caso de fallos del sistema.
Primeros cuellos de botella y presión operativa en Europa
La perspectiva de estabilización del sistema es de mediano plazo. La Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex) reconoce que el registro inicial de los pasajeros constituye la fase más compleja del despliegue y estima que la normalización completa podría tardar entre uno y dos años. En paralelo, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) advierte que la situación representa un riesgo relevante para la temporada estival debido al efecto acumulado de las demoras en los vuelos de conexión y retorno.
Estas preocupaciones también han sido expresadas por aerolíneas de bajo costo como Ryanair, cuyo consejero delegado, Michael O’Leary, ha cuestionado el despliegue del sistema en declaraciones recogidas por la prensa británica. Según el directivo, las interrupciones masivas de pasajeros funcionan en la práctica como una penalización indirecta asociada al Brexit. En este contexto, se han registrado incidentes como el del aeropuerto de Milán, donde más de un centenar de pasajeros perdió su conexión hacia Mánchester debido a la congestión en los controles de pasaportes.
De forma paralela, medios de comunicación internacionales han reportado fallos informáticos en aeropuertos de alta conectividad como Lisboa. Desde las terminales, las descripciones dan cuenta de saturación en los filtros de control, con pasajeros retenidos durante horas, mientras algunas aerolíneas cierran puertas de embarque para evitar sanciones operativas derivadas de los retrasos acumulados.
El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) también advirtió sobre el impacto económico de esta situación, al estimar que la persistencia de esperas superiores a tres horas podría desincentivar a una parte significativa de visitantes provenientes de mercados clave como el Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Australia. Si esta tendencia se mantiene durante la temporada alta, el flujo turístico hacia Europa podría reducirse en hasta 41 millones de llegadas, con un impacto estimado de 45.400 millones de dólares en gasto internacional.




