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Perfiles: Mehmet Cankaya, el conquistador

En el año de 1453 de nuestra era, luego de 53 días de asedio, el sultán Mehmet II, de escasos 21 años, entró victorioso a la ciudad de Constantinopla y puso fin a mil años de dominio bizantino. Hoy, 500 años después, más de dos millones de hombres turcos llevan el nombre del célebre sultán, pero solo uno de ellos ha logrado conquistar, a su manera, a las agencias de viajes latinoamericanas. Su intención era aprender del turismo, pero terminó haciendo las dos cosas y en el camino, por supuesto, también fue conquistado. Se llama Mehmet Cankaya y esta es su historia.

Es verano a orillas del mar Egeo. El sol brilla con potencia, los cruceros fondean frente al puerto y una refrescante brisa mediterránea sopla por las calles y playas de Kusadasi, cerca de Éfeso. Transcurren los años noventa y el ambiente es vibrante. Cada temporada, la ciudad transita de miles de habitantes locales a cientos de miles, entre turistas y trabajadores estacionales. ¡La industria turística en toda su expresión! El joven Mehmet, sin embargo, no tiene mucho que ver con ello. Su trabajo es llevar yogures y quesos a los hoteles y tiendas de abarrotes. Ha trabajado en ello desde que puede hacerlo, los fines de semana y durante sus vacaciones escolares, en el congestionado verano o en el desolado invierno, cuando la ciudad se vacía por completo.

Mehmet, valga decir, no está solo. Es la tercera generación de una próspera empresa familiar, fundada por su abuelo —también llamado Mehmet— en la primera mitad del siglo 20. Había nacido en Bosnia en el seno de una minoría turca emplazada allí por el Imperio Otomano, pero regresó muy pequeño a su país. De la mano de sus siete hijos —uno de ellos el padre de nuestro protagonista— fabricaba yogures con la leche comprada a los campesinos de las poblaciones aledañas. Así sentó las bases de una empresa que hoy todavía existe y se ha mantenido felizmente local. “No era Alpina”, apunta con gracia Mehmet. Sin embargo, sí era el proyecto de vida de toda su parentela. “Todos los familiares trabajamos ahí con cuerpo y alma (…) y yo siempre trabajé con la idea de hacer crecer el negocio de mi padre”, cuenta, con la vista de los cerros orientales y la sabana de Bogotá a sus espaldas.

Era un ambiente feliz, tradicional, cien por ciento familiar y, por supuesto, musulmán, como el noventa y seis por ciento de la población de Turquía. Su padre fue el primer novio de su madre y su madre fue la primera novia de su padre. Él, por su parte, se preparaba para estudiar contaduría y hacer su aporte definitivo al patrimonio familiar. Sin embargo, en este apacible cuadro, lleno de primos y tíos, irrumpía cada año una visita que iba a terminar marcando su destino: “Había un tío muy destacado por su inteligencia y sus estudios; era el tío admirado, el tío esperado. Crecimos con sus historias de éxito. Era la primera persona que viajaba y ganaba dinero. Se había ido a estudiar a Estambul, había aprendido español y convertido en guía de turismo”. Era Ercan Yilmaz, presidente y fundador de Mega Travel.

“¿En serio quieres ser contador?”, le había preguntado Ercan a su sobrino, 13 años menor que él. “Yo creo que te puede ir mucho mejor conmigo. Mis negocios están creciendo y necesito gente de confianza. Los estudios los completas donde quieras”, le había dicho el empresario. ¡No había mucho qué pensar! Sin hablar una palabra de español, con un diccionario debajo del brazo, Mehmet sube por primera vez a un avión rumbo a Ciudad de México, a lo desconocido. Transcurría el año 2004 y tenía 22 años.

A la conquista de la gran metrópoli

Mega Travel, valga decir, había sido fundada cinco años atrás por el tío Ercan, “un personaje que poco se puede encontrar”, a decir de su sobrino. A esta altura, puede intuirse quién fue realmente el primer conquistador. Ercan había comenzado recibiendo turistas de habla hispana en Estambul, luego se fue a España a enviar turistas a Turquía y, más temprano que tarde, vio la oportunidad de hacer lo mismo en México. “Esa historia que hay preguntársela a él”, apunta Mehmet, quien llegó la metrópoli mexicana cuando la empresa operaba con 20 personas. Hoy son más de 500 empleados.

“Llegué a aprender del negocio desde la parte contable administrativa”, cuenta, pero lo primero que aprendió es que México no era una villa de calles polvorientas, poblada por burros, cactus y hombres tomando siesta en hamacas, como se lo había figurado desde joven en su natal Turquía. La gran tarea, tan azarosa como satisfactoria, fue aprender el idioma; un objetivo al que se dedicó desde el primer día. Hoy, 22 años después de su llegada a tierras latinoamericanas, está muy orgulloso de su español, aunque para su hija más pequeña, de siete años, la labor quizás no ha terminado: “Papi, ¿por qué hablas con errores?”, cuenta entre risas que le preguntó en una ocasión. El idioma de los números, afortunadamente, es universal. Y a juzgar por lo ocurrido en las últimas dos décadas, se le da bastante bien. “A la fecha no he estudiado ninguna carrera, pero he hecho tantas cosas, nunca he dejado de aprender, de todo me gusta aprender”, apunta.

Más adelante hablará de algunos de sus hobbies —peculiares, por decirlo de alguna manera—, pero lo más inmediato en esta parte de su historia era demostrarle al turismo mexicano de qué estaba hecho. El escenario del desafío iba a ser Monterrey; ¿la situación? Una oficina que no andaba bien de balances. Llegó en 2007, por tres meses, para corregir un problema, de hecho, bastante simple: se gastaba más de lo que se vendía. Terminó quedándose un año, con la venia de su tío, dejando la oficina en ceros, sin pérdidas. “Pasado un año mi tío me dijo ‘listo, hay potencial. Si la haces levantar y ganar, es tu empresa. Si no lo puedes hacer, regresa a Turquía. Aquí no te necesito’. Así que, literalmente, fue un reto”, cuenta Mehmet.

Se quedó hasta 2015. Monterrey fue, realmente, su casa en México; el laboratorio en donde desplegó una nueva faceta, la comercial, aunque para él es más un asunto de conexión humana. “No me gusta decir clientes, porque, la verdad, no tengo clientes, tengo aliados, tengo socios. Yo hago mi parte y la agencia de viajes hace la suya. Es una labor muy diferente garantizar un paquete y un servicio a la de atender a un cliente B2C”, apunta. Hoy, desde su oficina en el norte de Bogotá, afirma con satisfacción conocer personalmente al 90 % de las personas con las que factura. “Todos tienen mi celular y podemos hablar en cualquier momento”, afirma. Sin embargo, no fue una tarea sencilla, ni mucho menos rápida.

Colombia, la tierra prometida

¿Cómo llega Mega Travel a territorio colombiano? ¿Qué tenía en mente el tío Ercan cuando le propone a Mehmet liderar una nueva aventura en este país? La razón principal, cuenta, era abrir una oportunidad de negocio para una de sus grandes amigas y clientas: Katya Mendizabal. Mehmet no la conocía, pero acepta el reto con una condición: “Regresar o quedarme será mi decisión”. Así que, en el año 2015, luego de meses de estudios de mercado, Katya y Mehmet, socios en esta aventura, aterrizan en Bogotá con la idea de replicar en Bogotá lo hecho en México. Nada más equivocado.

“Llegué con la confianza de haber tenido resultados. Estaba un poquito empoderado y veía a Colombia como algo fácil. Pero el colombiano es celoso con los extranjeros; han tenido malas experiencias con otras empresas que han prometido cosas y no han cumplido. Y ahí sí me dio duro. ¡Estuvimos dos años y medio para abajo, invirtiendo! Hacer la primera venta nos ha costado cinco meses”, recuerda Mehmet.

La parte humana, como siempre, maravillosa: “Las reuniones iban muy bien. La gente era muy receptiva, te sentías bien acogido, pero llegada la hora, desconfiaban mucho. Eso siempre me ha sorprendido mucho en Colombia”, apunta.

Viéndolo en retrospectiva, la máxima aplicada parecía ser: “de esto tan bueno no dan tanto”. La compañía tenía una negociación ganadora en Europa y pensó en aprovecharla con su producto estrella de la época: Mega Europa, un tour clásico de 17 días. “Le pusimos un precio especial, 999 dólares porción terrestre, ¿y sabes cuántas ventas hicimos? ¡Cero! Porque nadie creía que eso era real. Solo cuando lo subimos a 1199 dólares empezamos a vender”, recuerda Mehmet con una sonrisa. Fue un activo y consistente trabajo de generación de confianza al que ayudó, casualmente, la llegada de Turkish Airlines en 2016 y, según apunta Mehmet, las telenovelas turcas. “Eso ayudó más que cualquier cosa”.

No viene al caso narrar aquí la historia empresarial de una de las mayoristas de turismo más grandes del país. Basta decir que ha sido exitosa en todos los niveles. A Mehmet, de hecho, le tomó menos tiempo conocer a su esposa y madre de sus dos hijas, que lograr el retorno de inversión para la compañía.

Mehmet, el conquistado

Sentado en su oficina en el norte de Bogotá, con la inspiradora vista del piso 14, Mehmet Cankaya revela que está en proceso de “adopción” como colombiano y espera la fecha del examen: “Nadie me va a quitar lo turco, pero yo soy colombiano, como mi familia y mis hijas”. Ha sido en este país —que lo conquistó en todos los niveles— desde donde ha emprendido nuevas campañas, suyas propias: Mega Travel Panamá en 2018; Mega Travel Perú y Mega Travel Venezuela, que ya van para tres años; y Estados Unidos. “Esa es mi dedicación. En cada país tengo gerentes”, apunta. Hay, incluso, un DMC que trabaja en sociedad con el propósito de capitalizar un turismo latinoamericano que le ha sido esquivo al destino Colombia.

“Estoy haciendo las cosas que me gustan y tengo la compensación de conocer el mundo y gente de todo el mundo. En mi juventud trabajé con la leche, que es algo muy delicado: si la dejas esperar o al sol, se pudre. Hoy, después de tantos años de vivir con el estrés del corre corre, este negocio se ha convertido en un gusto. Es decir, no es leche. Si tú puedes equilibrar el riesgo que asumes, lo tienes resuelto. No se pudre”, reflexiona. Por eso, si está en el país, la mitad de las veces abre la oficina, así sean las 7:30 y no haya nadie todavía. Es una rutina a la que todavía no piensa renunciar.

“Soy una persona activa desde las primeras horas; me gusta mi tiempo productivo. Pero esa misma persona a las 4 o 5 p.m. está en la casa para compartir con las niñas. Mi enfoque es hacer algo mejor cada día, en todo, con el gimnasio, con la alimentación, con la gente. Soy un aprendiz en el mundo. Me apasiona rodearme de la gente y crecer con ellos”.

¿Hay espacio para algo más? ¡Sí! Mehmet disfruta de la pesca en el Pacífico y cada vez se apasiona más por el mundo del café. Pero, tal vez lo más sorprendente es que es piloto de avioneta. Se licenció durante la pandemia y hoy suma 500 horas de vuelo. Es voluntario de la Patrulla Aérea Civil Colombiana y ha aterrizado en las pistas más remotas de la geografía nacional. “Es impresionante, es un espectáculo. Colombia es un país en el que tú subes un avión y en una hora estás en el Pacífico o en la selva”. De hecho, solo le falta aterrizar en Guainía. Pero esa, definitivamente, es otra historia.

2 Comentarios

  1. Como empresario, he tenido el honor de crecer de la mano de esta gran compañía desde sus inicios. Sus líderes y gerentes son profesionales excepcionales que impregnan cada proyecto de una calidad humana única. Su entrega y pasión nos permiten comercializar sus productos con absoluta tranquilidad y confianza; en esta era digital, su compromiso con el factor humano marca una diferencia contundente.Reconocemos y valoramos el enorme esfuerzo realizado por el Sr. Mehmet y la Sra. Katya para abrir y consolidar el mercado en Colombia. Su dedicación ha sido plenamente recíproca, logrando estrechar los lazos comerciales entre Turquía y nuestro país, mientras construyen relaciones sólidas y de amistad en cada meta alcanzada. Expreso mi más sincero reconocimiento a una organización admirable y a las grandes personas que la lideran

    JOHN SILVA
    Gerente DESTINOS JOHN SILVA SAS
    Ibague

  2. Es una muy buena persona y la empresa que represento VIAJES INVERSA fue una de las que primero creyó en el producto Mega Travel y a la fecha la tiene como proveedor preferente

    ALBEIRO ARBELAEZ
    Director Comercial

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